¿Dónde te estás silenciando?

Una reflexión sobre los silencios cotidianos que muchas veces habitamos sin darnos cuenta y cómo recuperar el permiso para expresar tu verdad desde un lugar de seguridad interior y autenticidad.

Catalina Pineda • Speaking Soul®

9/7/20262 min read

Hay una pregunta que empezó a acompañarme hace algún tiempo y que, desde entonces, aparece una y otra vez en distintos momentos de mi vida.

No es una pregunta cómoda.

Pero sí profundamente reveladora.

¿Dónde me estoy silenciando?

Al principio pensé que silenciarme significaba únicamente callar una opinión.

No levantar la voz.

No responder.

No decir lo que pensaba.

Con el tiempo descubrí que el silencio puede adoptar formas mucho más sutiles.

Y precisamente por eso puede pasar desapercibido durante años.

El silencio no siempre hace ruido

A veces nos silenciamos cuando decimos "sí" queriendo decir "no".

Cuando aceptamos situaciones que ya no nos representan.

Cuando minimizamos lo que sentimos para evitar incomodar.

Cuando sonreímos mientras por dentro algo pide ser escuchado.

Cuando dejamos pasar comentarios que nos lastiman.

Cuando elegimos la paz superficial antes que la honestidad con nosotros mismos.

No porque seamos débiles.

Sino porque, en algún momento de nuestra historia, aprendimos que esa era la forma más segura de permanecer.

El silencio también puede convertirse en costumbre

Lo más complejo es que rara vez sucede de un día para otro.

Es un proceso silencioso.

Casi imperceptible.

Vamos adaptándonos.

Nos acostumbramos.

Y un día descubrimos que ya no sabemos con claridad qué necesitamos, qué deseamos o incluso qué sentimos.

No porque nuestra voz haya desaparecido.

Sino porque dejó de tener espacio para existir.

El cuerpo suele darse cuenta antes que nosotros

Muchas personas llegan a un punto en el que sienten un cansancio difícil de explicar.

Una sensación constante de incomodidad.

Una tensión en la garganta.

Un nudo en el pecho.

Una dificultad para poner límites.

Y creen que el problema está únicamente en el estrés.

A veces hay algo más profundo.

Quizá el cuerpo lleva mucho tiempo sosteniendo conversaciones que la voz nunca pudo tener.

No siempre el cuerpo habla porque está enfermo.

Muchas veces habla porque intenta recuperar una verdad que quedó en silencio.

Escucharte también es una forma de volver a casa

Recuperar la voz no significa hablar más fuerte.

Tampoco significa tener todas las respuestas.

Muchas veces comienza con algo mucho más sencillo.

Permitirte reconocer lo que realmente sientes.

Nombrarlo.

Validarlo.

Y dejar de convencerte de que no es importante.

La autenticidad no aparece de un momento a otro.

Se construye cada vez que eliges escucharte antes de abandonar una parte de ti para encajar.

Tal vez hoy no necesites cambiar toda tu vida

Quizá solo necesites detenerte unos minutos y preguntarte:

  • ¿Qué conversación llevo tiempo evitando?

  • ¿En qué lugar sigo diciendo "sí" cuando mi cuerpo quiere decir "no"?

  • ¿Qué parte de mí dejó de sentirse segura para expresarse?

  • ¿Qué verdad merece hoy un poco más de espacio?

No para resolverlo todo inmediatamente.

Solo para empezar a escucharlo.

Porque muchas veces la transformación no comienza cuando encontramos todas las respuestas.

Comienza cuando dejamos de ignorar las preguntas.

Una reflexión para llevar contigo

No necesitas hacer más ruido para encontrar tu voz.

A veces basta con dejar de abandonar aquello que ya sabe la verdad dentro de ti.

Que tu voz encuentre un lugar seguro donde existir también es una forma de sanar.

Si este texto resonó contigo, quizá también resuene nuestro espacio de acompañamiento.

Con amor,

Catalina

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